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COMIDA E INTELIGENCIA EMOCIONAL

por in Personal mayo 3, 2019

Comida e inteligencia emocional Naira León Acosta

En los últimos años seguro que has oído hablar de un segundo cerebro, nuestro intestino, por lo visto nuestras tripas es el principal encargado y productor de neurotransmisores.

Los neurotransmisores, para que todos nos entendamos, son los que permiten el paso de la información de una neurona a otra.

Pues bien, muchos de estos neurotransmisores que producen nuestras tripas son hormonas de la felicidad, los cuáles se encargan de regular nuestras nuestro estado de ánimo y bienestar, nuestra capacidad de aprendizaje y memoria.

Además de descubrir que los neurotransmisores encargados de nuestras emociones se producen en su mayoría en nuestro intestino, se ha observado que hay una conexión constante y bidireccional entre el cerebro y las tripas, comunicándose y compartiéndo información mutuamente.

Si te fijas bien ¿quién no ha sentido mariposas en el estómago cuando está enamorado? ¿quién no ha sentido la ansiedad en la barriga? ¿o el miedo?… y es que nuestras emociones la sentimos antes en nuestra tripa que en nuestra cabeza. Cuando tenemos esas molestias en el abdomen y sabemos que es por una emoción aunque tu cabeza aún no esté preparada para reconocerlo.

Esta fiesta de emociones y neurotransmisión en nuestra barriga también tiene sus efectos físicos, y es sumamente importante que aprendas a ser consciente de lo que pasa en tu organismo para evitar sorpresas. Son muchas personas que por ejemplo pierden ele apetito cuando tienen nervios, o les da unas diarreas enormes ante un examen final, o personas que vomitan cuando tienen que hablar en público. Esas son tus emociones hablándote para que hagas algo al respecto.

Relacionando todo ésto con el comer emocional, observamos que hay personas que los estados de estrés y ansiedad les da por comer y devorar su despensa. A pesar de que luego siempre llega la culpabilidad, ese momento de conexión entre la comida y la alimentación genera una serie de sustancias químicas en ambos cerebros y que haces que sientas calma y satisfacción. Es lo que llamamos el comer emocional.

No comes porque tengas hambre, sino porque has aprendido a suplir o poner una cortina de humo a esas emociones, aprendiendo que es más fácil tapar o resolver las emociones con comida que mirarlas de frente e intentar entender por qué aparecen.

A pesar de llevar incluso años con esta estrategia emocional, la persona no se da cuenta del bucle en el que entra:

Me siento ansioso o con cualquier emoción —–> la tapo con comida me siento culpable e hinchada por todo lo que he comido —–> baja mi autoestima —–> y vuelvo a generar el mimo malestar, —–> volvemos al principio de la ruleta, —–> vuelves a refugiarte en la comida, —–> vuelves a sentirte culpable y a machacarte mentalmente y vuelves a generar más emociones negativas

Y no solo lo hacemos con las emociones negativas, las positivas también tiene su premio alimenticio. Parece que todo se tiene que celebrar con comida, que te has portado bien te doy una chuche, que he aprobado un examen me permito mi antojo, que hay un aniversario venga tartas y dulces.

Lo peor de todo es que nos autoengañamos diciéndonos la mítica frase: una vez al año no hace daño, pero si te paras a contar resulta que el número en que relacionas o resuelves tus emociones con la comida son seguramente más de una, dos o tres veces a la semana o al día.

Y para rematar, después de pelearnos con nuestras emociones y machacarnos a través de la alimentación, queremos hacer dieta, prohibiéndonos alimentos (curiosamente aquí incluimos muchos que sí son alimentos saludables y que sí deberíamos consumir), ésto nos provoca más malestar, estrés y ansiedad que como nunca he podido resolver y gestionar estas emociones vuelvo a consumirlos otra vez, reapareciendo la culpabilidad, y otra vez vuelta a empezar.

No nos damos cuenta que jugamos a la ruleta no solo con nuestro cuerpo sino también con nuestra mente.

La mayoría de las veces me he encontrado en consulta en nuestro Centro de Psicología y Nutrición Aquiles en Vecindario, personas que hacen dieta simplemente por no querer o no saber centrarse en resolver esos problemas que le generan diferente gama de emociones.

Cuando damos con la clave, la persona aprende que es ridículo llevar una dieta restrictiva que no se puede convertir en su plan nutricional de por vida, porque simplemente enfermaría, bien por la falta de nutrientes o por la poca ingesta calórica que pueden llegar a hacer.

Entonces es cuando hablamos de emociones, y no solo de eso, sino también de cambiar hábitos, de saber establecer objetivos, de autoestima y autoconcepto, de pensamientos irracionales e intrusivos, de mecanismos y estrategias , de inteligencia emocional.

About Naira León Acosta
Psicóloga y Directora del Centro de Psicología y Nutrición Aquiles en Vecindario, Las Palmas. Página web: https://www.psicologia-aquiles.es

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